Autor: Andrés Chacón, Sales Manager Senior Similtech

Eran las 4:47 p.m. de un viernes. María, gerente financiera de una empresa de servicios públicos, veía el reporte de recaudo del día y hacía cuentas: los pagos de miles de clientes ya habían salido de sus cuentas, pero el dinero —y sobre todo la confirmación de que ese dinero era real— tardaría hasta el lunes en aparecer conciliado en el sistema. Mientras tanto, tesorería no podía liberar un pago a un proveedor crítico, porque, en el papel, la caja no estaba “confirmada”. El negocio no tenía un problema de plata. Tenía un problema de tiempo.

Esa escena, repetida miles de veces al día en empresas de todos los sectores, es exactamente lo que los pagos en tiempo real están empezando a resolver en Colombia. Y aunque suene a un tema puramente técnico, en realidad es una conversación sobre cómo se dirige un negocio.

No es solo velocidad: es certeza

Cuando un pago se confirma en segundos y no en días, cambian al menos cuatro cosas dentro de una compañía:

  • Los cobros, porque se puede saber de inmediato si un cliente pagó o no, sin esperar la conciliación bancaria del día siguiente.
  • El recaudo, porque la información deja de llegar en lotes y empieza a fluir de forma continua, transacción por transacción.
  • La confirmación de pagos, porque ya no depende de procesos batch nocturnos ni de la buena voluntad del banco, sino de una respuesta inmediata al momento de la transacción.
  • La disponibilidad de recursos, porque tesorería puede tomar decisiones —pagar, invertir, cubrir un faltante— con información real y no con proyecciones de lo que “debería” haber llegado.

En otras palabras: el tiempo real no acelera lo que ya hacías. Cambia qué puedes decidir y cuándo puedes decidirlo.

Colombia ya está en ese punto de quiebre, esto dejó de ser una tendencia lejana. Con la entrada en operación de Bre-B, el sistema de pagos inmediatos interoperables del Banco de la República, el país registró 370,4 millones de operaciones entre octubre de 2025 y enero de 2026, por un valor cercano a $59 billones de pesos, con un promedio de $159.456 por transacción (Banco de la República, Documento técnico Bre-B, febrero de 2026). En apenas seis meses de operación, el sistema superó las 100 millones de llaves registradas (Banco de la República, 2026), y la transaccionalidad diaria creció 29% solo entre octubre y enero.

El contexto de fondo explica por qué esto importa tanto: cerca del 70% de las transacciones en Colombia todavía dependían del efectivo antes de Bre-B (Banco de la República, citado por PCMI, 2026), y la meta del país es pasar de una participación de pagos digitales del 71% a más del 80% hacia finales de 2026 (“Pagos digitales en Colombia: Panorama estratégico 2026”). Es, literalmente, una carrera contra el reloj para modernizar la infraestructura financiera de miles de empresas.

La región completa se mueve en la misma dirección. Según el estudio Real-Time Payments: Economic Impact and Financial Inclusion, encargado por ACI Worldwide y desarrollado por Cebr, se proyecta que el despliegue de Bre-B incorpore 5,1 millones de personas antes excluidas al sistema financiero formal (ACI Worldwide / IBS Intelligence, 2026), y estudios previos de la misma firma ya ubicaban a Colombia entre los mercados de mayor crecimiento proyectado en pagos en tiempo real de toda Latinoamérica.

La verdadera pregunta no es “cuándo”, sino “con qué” aquí está el punto que muchas empresas todavía subestiman: la infraestructura de pagos inmediatos existe, pero conectarse a ella no es lo mismo que estar preparado para ella.

Recibir confirmaciones en tiempo real no sirve de mucho si los sistemas internos de conciliación siguen operando en lotes nocturnos. Tener acceso a Bre-B no resuelve nada si la tesorería sigue tomando decisiones con información de hace 48 horas. La velocidad del riel de pagos solo se convierte en ventaja cuando toda la cadena —cobro, recaudo, conciliación y disponibilidad de caja— está diseñada para moverse al mismo ritmo.

Esa es, en el fondo, la diferencia entre ver los pagos en tiempo real como una obligación regulatoria y verlos como lo que realmente son: una ventaja competitiva. Las empresas que logren conciliar en minutos lo que a otras les toma días van a tomar mejores decisiones de caja, van a detectar más rápido un problema de cartera y van a poder ofrecerles a sus propios clientes una experiencia de pago que hoy todavía es una excepción, no la regla.

María, la gerente financiera de nuestro ejemplo, no necesitaba un banco más rápido. Necesitaba una infraestructura que tradujera esa velocidad en información útil para decidir. Ese es exactamente el terreno donde se juega el futuro de la tesorería, la cartera y la conciliación en Colombia.